Don Bosco y el fútbol

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Esto es ficción, pero podría haber ocurrido. ¿Qué hubiese pasado si en la época de Don Bosco hubiese existido el fútbol? ¿Cómo hubiera influido en su niñez, en su actividad pastoral, en sus sueños misioneros, en sus estrategias pedagógicas? No lo sabemos, pero podemos cometer la “herejía” de hacerlo hablar cómo si hubiese pasado.

Lo que continúa es una supuesta carta que le pidieron, cuando ya era anciano, para que animara a los misioneros de Argentina, que ya estaban fundando equipos en sus colegios en lo cotidiano de su labor. 

Por: Normando Asnaghi

El fútbol de mi vida

Me pidieron que escriba como llegó el fútbol a mi vida, y qué es lo que pienso de él en todas las tareas que llevé a cabo con el fin de salvar las almas. Lo hago con gusto para todos aquellos salesianos que hoy están educando en nuestras casas…sobre todo para aquellos misioneros de Argentina…¡cómo me gustaría estar con ustedes allá! Corriendo por esos patios… confesando a nuestros chicos… sepan que todas las noches me acuerdo de cada uno y que le pido a la Auxiliadora por sus trabajos…

Creo que fue mi mamá (la genia Margarita como luego le dijeron muchos chicos en el Oratorio) la que me trajo la primera pelota; la cambió por unos huevos de nuestra granja, sabiendo que yo quería tener una. No era en esos tiempos algo común tenerla…y la nuestra era rústica, de gajos alargados… ¡pero qué alegría cuando me la entregó! Ese día recuerdo haber dormido con ella en mi cama… que emoción tenía…

En muchos momentos fue mi compañera por las tardes. Recuerdo a veces la bronca de mamá cuando escuchaba el golpear de la pelota contra las paredes del establo… es que quería embocar en la ventana para practicar mi puntería… ¡La de macetas que habré roto! Por suerte esa habilidad que fui formando me serviría mucho luego con los jóvenes de mi pueblo y los chicos de los oratorios.

Y fue así que hicimos con los chicos vecinos un equipo… “Los amarillos” … por las camisetas descoloridas que conseguimos para identificarnos. 

Ya desde ese momento empecé a descubrir el imán que tenía la pelota, y cómo podía valerme de ella para juntarnos y aprender más cosas. Como iba teniendo una habilidad sorprendente para mi edad, era el capitán del equipo. En los entrenamientos empezábamos con una oración (algunos se nos reían), pero mejorábamos a pasos agigantados con respecto a otros chicos…éramos muy disciplinados en los lugares que jugaba cada uno…con una táctica de presión constante y salida rápida (la había copiado de la visita de un equipo profesional al pueblo) nos hizo durante un tiempo imbatibles en los partidos del pueblo. Si hasta equipos más grandes nos querían jugar… ¡y cómo nos daban cuando empezábamos a tocarla!… pero la consigna de toque y devolución, y pensar siempre en el otro daba excelentes resultados…¡quién hubiese dicho que gran parte de mis criterios educativos nacían en un potrero perdido de I’Bechi!

Cuando al final pude ir a estudiar…ya más grande y con el dolor del alejamiento de mi casa por la oposición de mi hermano mayor…también fue el nexo de unión con los distintos alumnos de mi clase. No le podía dedicar mucho…¡tenía tanto tiempo que recuperar! Extrañaba esos partidos interminables de mi niñez, pero aprendí con otros muchachos que había muchas cosas que se daban en un partido que se asemejaban con la vida: el ayudar a alguien en problemas…el buscar a quién estuviera mejor ubicado aunque no fuese mi amigo…el jugar fuerte pero leal (ahí aprendí, que no la conocía en mi pueblo…la frase “mala leche”…se rieron de mí al principio por mi pregunta campesina…), el saber ganar sin cargar y perder sin insultar…¡una verdadera escuela!

Todavía resuenan en mis oídos lo que me dijo me amado Don Calosso, que fue quién despertó en mí la vocación, cuando nos enfrascábamos en charlas “futboleras”: “Mira Juan…los que dicen que el fútbol no se parece en nada a la vida…no sé qué sabrán de fútbol… ¡pero de la vida no saben nada!” o sino esta otra “a los que te digan que el fútbol es solo un juego…deciles que la música son solo ruidos…” ¡un genio el cura!… ojalá sepa que en varios de nuestros patios está viva su presencia…

Al entrar al seminario…empecé a ver algo que no quería hacer cuando fuese sacerdote: muchos de mis compañeros no solo no jugaban bien…sino que no lo intentaban…¡Miopes!… no se daban cuenta que era la forma de poder acercarse a los chicos… que se les habla de Dios después de charla de su club… que se escucha la doctrina que sale de tus labios cuando se sorprenden que sepas toda un equipo completo…por suerte supe poner como materia a mis salesianos “Fútbol, historia y desarrollo” en todos sus cursos…¡si hasta tenía comparaciones teológicas!

Pero creo que cuando más me sirvió lo que sabía fue cuando empecé a recorrer las calles de Turín, y juntarme con todos esos muchachos que venían de sus pueblos para trabajar en las obras…explotados como lo eran, sin amigos ni alguien que los pudiese recibir…tan cercanos a la bebida y al juego…

Había conseguido que una buena señora me prestase el terreno contiguo a su casa…y con un fútbol muy bueno que me encontré (menos averigua Dios y perdona…), pasaba por la tardecita con un silbato y la pelota en mis manos…se formaba entonces una manada de pibes…y yo los llevaba a la canchita…jugábamos inolvidables partidos y luego les preguntaba cómo les iba…los aconsejaba…muchas veces rezábamos algo breve…¡eran clases de catequesis impresionantes!…y los que se iban antes se perdían el duelo de penales conmigo…donde ganaba en autoridad porque “leía” donde iba la pelota y se los atajaba…pensar que ahora casi no me puedo mover…pero era muy bueno cuando era más joven eh…

El comienzo del oratorio, un 8 de diciembre de 1841 con Bartolomé Garelli, también tuvo que ver con el fútbol. Ya conocerán la historia…daba yo Misa cuando el sacristán sacó rajando (la palabra sería otra…) porque no quería ayudarme. Lo hice llamar diciendo que era mi amigo…y entablar el primer contacto era como remar en dulce de leche…no sabía leer, no quería hablar, temblaba, ni me miraba…hasta que metí el pase justo: “¿de qué cuadro sos?”… se le iluminó la cara, “del Juventus” me dijo con una gran sonrisa. Había entrado a su corazón…supe tocar esa cuerda de la que tanto hablé luego a mis salesianos…luego fue un monólogo mío…contándole el equipo completo, los títulos que había ganado, etc. No dejaba de mirarme…terminamos con la recordada Ave María…de la que no me olvido más…

En todos los patios de las obras que fundamos la canchita era el centro fundamental: tenía que estar en el centro, bien al paso de todo…y lo primero que hacía aquel que venía nuevo…era meterlo dentro del partido… luego se hablaba de lo demás. Recuerdo que teníamos “bien aceitado” qué asistente lo recibía, en qué partido lo metía y se preocupaba que le dieran la pelota…un genio para eso era Domingo Savio…un diez exquisito que ponía lo pases justos…y hacía jugar bien hasta los más troncos…o recuerdo a Miguel Magone… ¡cómo corría ese muchacho! Si la vez que lo encontré en esa famosa estación de tren lo cautivé porque como estaban en un partido…al finalizar le di mi consejo de porqué habían perdido… ¡que se mete este cura, se piensa que es técnico! recuerdo que me dijo…y lo enganché para que vaya a Valdocco porque le dije el equipo que teníamos…intuición de pastor de almas…

Volviendo a nuestras casas…esa condición se la ponía siempre a los constructores…y que mi habitación diera al patio…cuando me cansaba de escribir (¡cuántas cartas…tantos pedidos de donaciones!), me regodeaba viendo un partido…y mi palabrita al oído hacia alguno de ellos era una comparación de una jugada con algo de su vida…que les llegaba más que cualquier reto o moraleja…

Los equipos que formamos en nuestros oratorios son tema aparte…que tal vez en otra carta amplíe. Éramos buscados por los equipos de la zona para los partidos…porque sabían que éramos buenos y no había lío con nosotros. Cuantos de mis salesianos han sido excelentes técnicos…y han unido perfectamente el juego con los valores que queremos transmitir…y muchas homilías se formaban por lo que había pasado el día anterior en la cancha…

Lo primero que les dije a los misioneros que fueron para la Argentina fue que junto con las constituciones que aparecen en esa famosa foto…llevasen un Rosario y una pelota de fútbol…en la foto está abajo de mi sotana…no me animé a posar con ella bajo mis pies…ahora me arrepiento. Esas dos herramientas los llenarían de chicos…y sería el primer paso para contarles el Evangelio.

Voy terminando para no aburrirlos…porque me apasiona hablar de este tema. En otra ocasión les contaré de mis charlas con el Papa Pio IX (cuando se iban todos…y nos dejaban solos…nos enfrascábamos en sanas rivalidades… ¡imagínense…era del Milán!)… o de lo que hizo en tantos santos que tuvimos en los oratorios el fútbol en sus vidas…y en nuestras obras…

Me despido deseándoles que sigan acompañando a tantos jóvenes que lo necesitan…que la Auxiliadora siempre estará con ustedes y que este pobre cura campesino los quiere y extraña con locura…

      Bendiciones de Maria Auxiliadora

                                                                          Juan Bosco

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – NOVIEMBRE 2022

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