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Para los chicos de Corrientes, la obra salesiana es el patio de su casa

Como si conformaran un solo equipo, las tres obras salesianasde la ciudad de Corrientesofrecen un servicio distinto y complementario, trabajando a un mismo compás para ofrecerle a los jóvenes un lugar donde conocer a Jesús, crecer y ser felices.

Tres son multitud

Ubicada en el centro histórico de la ciudad, y siendo la primera “casa” de los salesianos, María Auxiliadora, conocida por todos como “el Salesiano”, brinda educación inicial y primaria; además cuenta con una capilla pública que reúne grupos de oración y propuestas juveniles: Mallín, CamReVoc, Exploradores. Sobre la costanera, a unas cuadras del puente que une a la ciudad con Resistencia, el Pío XI es escuela media para cientos de jóvenes que concurren en dos turnos. La actividad la completan allí también los grupos y demás ramas de la Familia Salesiana.

Finalmente, en las afueras de la ciudad, el centro Domingo y Laura es un verdadero patio para el barrio, ofreciendo capacitación laboral, catequesis y numerosas propuestas asociativas para los chicos y chicas de los alrededores.
Pablo tiene 44 años, está casado con Silvia y juntos tienen tres hijas. Desde hace 25 trabaja en la obra de Don Bosco en Corrientes, pero desde 2016 es director general de las tres casas.Cuando comenzó tenía 19 años, y tanto en el “Salesiano” como en el Pío XI había un director y una comunidad religiosa que con esmero trabajaban en los distintos frentes, ya sea en lo escolar como en lo parroquial. Los cambios constantes que propone la sociedad llevaron a la necesidad de arribar a nuevas maneras de llevar adelante la misión, y tambiéna buscar articular cada vez más el trabajo entre las tres casas encarando nuevos desafíos. “Así como en su momento pusimos la atención mayormente en los chicos de la calle del centro, hoy vemos con atención la demanda de capacitación laboral —comenta Pablo—. Y encontramos en Domingo y Laura el ‘patio’ de la presencia salesiana en Corrientes; nuestro ‘norte’, aunque se encuentre en el sur de la ciudad”.

Todo a pulmón

Si algo distingue al centro Domingo y Laura es la entrega generosa de la gente que anima y acompaña cada una de las propuestas. Los sábados, más de seiscientos chicos pueblan los distintos lugares del prediopara concurrir a la catequesis. Por la tarde y también los días de semana, otros cientos concurren a los grupos juveniles: exploradores, Cristo joven, Acción católica, compañía oratoriana Miguel Magone, oratorio nocturno. Mientras tanto, adultos de todas las edades tienen su lugar en los grupos de oración y devoción, y no faltan las jóvenes de ayer y de hoy que asisten al “club de las abuelas”, o los grandes músicos de la banda “Siempre listos”, integrada por exploradores veteranos. Pero todos saben que lo principal pasa por acompañar a los jóvenes en la animación de las actividades.“Hoy Domingo y Laura ya queda chico para lo que tiene que atender. Y todas las personas que trabajan ahí lo hacen con el corazón y de manera desinteresada:todo se hace ‘a pulmón’”, resalta Pablo.

Domingo y Laura no se puede entender sin la fe: “El que menos tiene es el que más da y el menos pide a cambio”.

Tomarse el trabajo

A principios del año pasado, Beatriz se acercó a Domingo y Laura para anotar a sus hijos en catequesis. Allí se topó con una mesita que ofrecía distintos cursos de capacitación laboral y fijó su atención en algo que siempre la apasionó: la carpintería. “Me anoté, comencé a aprender, vi que me gustaba y me resultaba fácil—cuenta—. Empecé a trabajar delante de mi casa. La gente pasaba y me veía, entonces comenzaron a pedirme los productos. Y me animé. Con el profesor hice los presupuestos, y con los primeros trabajos compré herramientas y vi que me podía dedicar a eso, trabajando en mi casa mientras cuido a mi familia”.


El de carpintería es uno de los tantos cursos que desde 2016 se ofrecen en el centro de capacitación laboral que empezó a funcionar en Domingo y Laura. Refrigeración, auxiliar sanitarista, de instalaciones eléctricas, peluquería y cocina son algunas de las propuestas que completan la grilla. “Ofrecemos a la comunidadla posibilidad de aprender un oficio para tener una rápida salida laboral —comenta Darío Jiménez, coordinador del centro de capacitación—.Empezamos sin ninguna herramienta, los capacitadores traían las suyas. Y a inicios de 2017 tuvimos más de trescientos inscriptos en los cursos, más las propuestas para adolescentes y jóvenes: apoyo escolar para primario y secundario, y escuela deportiva”.
Las tardes en Domingo y Laura son un ir y venir constante de chicos y grandes que van a estudiar, capacitarse y jugar. “Es el patio salesiano, con gente que los cuida, los quiere, está con ellos de manera educativa. Y trata de ofrecerles un espacio de formación y capacitación —agrega Darío—. Acá cerca sabemos que hay venta de droga. Cada tanto tenemos razzias policiales corriendo adolescentes que se están drogando. Se necesita hacer algo por ellos. La propuesta de Domingo y Laura tiene ese sentido”.

Todos saben que lo principal pasa por acompañar a los jóvenes en la animación de las actividades.

“Acá suceden milagros”

El salesiano Jorge López es sacerdote, y desde la comunidad religiosa asentada en la localidad de Fontana, en las afueras de Resistencia, acompaña el centro Domingo y Laura.El correntino es muy religioso. Todas las casitas tienen su altarcito, su rincón —reconoce el padre Jorge—. A mí me evangeliza la gente. Te encontrás con situaciones de mucho dolor, y sin embargo la gente no pierdela fe.Nosotros les insistimos en que lo que Dios más quiere es que luchen por su dignidad. Y respecto a la droga, entiendan que es una forma de no amarse a uno mismo, de no cuidar ese templo que es el cuerpo”.
Todos los docentes que dan los talleres de capacitación lo hacen de manera voluntaria, al igual que los educadores y animadores que llevan adelante el resto de las propuestas de este centro barrial. Para Pablo, Domingo y Laura no se puede entender sin la fe: “Día a día me demuestran que el que menos tiene es el que más da y el que menos pide a cambio”. Quizás eso se encarne en Cecilia, que por las mañanas trabaja como maestra de nivel inicial, pero los sábados no falta nunca a sus deberes como jefa del batallón. O en Raúl —de la mañana— y Raúl —de la tarde—, verdaderos “porteros-maestros” que mantienen la puerta abierta y el corazón contento preparando el mate cocido para todos los chicos. O en Facundo, 20 años, que está estudiando Educación Física, y varias tardes a la semana se acerca a organizar la escuela deportiva. O quizás sea Darío, el coordinador del centro de capacitación, quien mejor resumala pasión con que se vive la fe al estilo de Don Bosco en este rincón del Litoral argentino: “Acá suceden milagros todos los días”.

Por Ezequiel Herrero y Santiago Valdemoros• redaccion@boletinsalesiano.com.ar
Boletín Salesiano, septiembre 2017

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