Con dulzura salesiana

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Carlos Martinic: exalumno, animador y educador salesiano, ganador del concurso televisivo Bake Off Argentina.

Por Ezequiel Herrero y Santiago Valdemoros *
redaccion@boletinsalesiano.com.ar

Está a miles de kilómetros de su casa, pero no pierde la sonrisa serena y la amabilidad que lo caracterizan. Es que, como le ocurre a muchos, cualquier patio salesiano le resulta familiar a Carlos Martinic, quien pasó casi toda su vida vinculado a la obra de Don Bosco: “Yo hice en el Don Bosco todos los niveles educativos. Después empecé a trabajar como preceptor y más tarde como coordinador de pastoral. De mis 30 años, llevo 26 dentro del colegio”

El “Don Bosco” es la casa salesiana Don Bosco de Río Grande, Tierra del Fuego, tierra natal de este joven que a principios de noviembre se consagró ganador de Bake Off Argentina, uno de los programas más vistos de la televisión. Allí conquistó el paladar de los jurados, pero también la simpatía de sus compañeros y de los televidentes. 

En la semana en que se conoció su triunfo, se hizo un tiempo para conversar con el Boletín Salesiano sobre los aprendizajes, desafíos y sueños que deja esta experiencia.

¿Participar en Bake Off resultó una experiencia educativa?

¡Sin dudas! Yo sabía muy pocas cosas de repostería y ahora conozco una cantidad de técnicas que no las podría enumerar. Pero también me permitió aprender y poner en juego nuevas capacidades que sirven para la vida, más allá del programa. Descubrí nuevas cosas en mí que pude poner en práctica, y lo mejor es que iban saliendo bien y me permitían también ayudar a otros. Uno es educador siempre, en cualquier lugar donde esté, así que educativamente fue lo más.

Esa ayuda entre los participantes fue una característica del programa…

Con el resto de los participantes generamos un clima de amistad muy lindo. Algunos desde afuera justamente criticaban que “no había competencia”. En realidad, era una competencia muy sana, y para mí ha sido un gran ejemplo para la televisión, porque fue el programa más visto y no hubo conflictos, ni gritos: al contrario, la gente se ayudaba. Pudimos demostrar que no siempre hay que competir para “matar” al otro, buscando lo peor en nosotros mismos, sino que podemos ser capaces de encontrar cosas buenas en nosotros, en los demás, y competir intentando dar siempre todos lo mejor.

“Fue el programa más visto de la televisión y no hubo conflictos, ni gritos: al contrario, la gente se ayudaba”

Muchas veces en el patio salesiano hablamos de que tenemos que encontrar lo bueno que tiene cada persona. Y por suerte, en el programa, tanto jurados como participantes siempre tratamos de buscar esa chispa positiva. Incluso el formato está pensado así, nos invita a descubrir quién es el que se va a quedar, nunca nos dice quien se va. Nos ayuda a ver qué es lo bueno de cada plato, más allá de que tenga errores, porque siempre se construye desde lo positivo. Si no hay nada bueno, es muy difícil construir un futuro mejor.

La familia de Carlos está vinculada con la obra de Don Bosco desde siempre. Y él se desempeñó como estudiante, animador, catequista. Hoy es jefe regional de los Exploradores de Don Bosco.

Cuando te inscribiste, ¿soñabas ser el ganador? 

En realidad, cuando ví la publicidad del programa completé el formulario como si fuese un juego. A partir de ahí pasé los distintos castings y una vez que llegué ahí, ví como cocinaba todo el mundo y dije: “Bueno, me quedo una semana”, porque tampoco es que sabía hacer muchas cosas. Siempre para mí era un imposible.

“Para mí la fe es esencial, poder conectarme con Dios, hacer un ratito de oración y descubrirlo en las experiencias que me toca vivir”.

Pero me quedo con la frase del “sueño de los 9 años”, cuando Jesús, el señor vestido de blanco, le dice a Juanito Bosco, “precisamente porque parece imposible, vos lo tenés que hacer posible”. Creo que ahí está la clave. Hay que ponerle el corazón, hay que ponerle garra, y no para ganar, no para conseguir el sueño, sino para demostrar que podemos dejarlo todo en la cancha. Así que todos aquellos chicos, chicas y jóvenes que están pensando, “¿esto será posible?”… sí, jugatela, es posible. 

¿Creés que pudiste poner en juego algo de tu mirada de fe?

Yo suelo ser muy conciliador, entonces frente algún conflicto que se iba generando ponía mi palabra para conciliar y tratar de que no crezca demasiado. Pero creo que todo el grupo de personas que participó en esta edición del certamen tenía esta característica de ser amables. Venían a hacer una experiencia personal de crecimiento y eso facilita muchísimo. Algún salesiano, cuando se enteró que estaba en el programa, me escribió diciendo que era una buena oportunidad para llevar la dulzura salesiana a la televisión argentina. Mil veces repetimos que la dulzura en el hablar y en el obrar lo gana todo y a todos, y yo creo que es verdad.

A veces parecería que la fe es una cosa “auxiliar” en la vida, pero para mí es esencial. Cada día uno puede conectarse con Dios, hacer un ratito de oración, ofrecer el día vivido, pedir por lo que va a venir… Yo no pedía ganar, pedía poder dar lo mejor de mí,  descubrir al Dios de la vida que pasa por esa experiencia que estábamos viviendo.

* Con la colaboración de Manuela Arraga y Ailín Cardoso.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – DICIEMBRE 2021

Con dulzura salesiana

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Carlos Martinic: exalumno, animador y educador salesiano, ganador del concurso televisivo Bake Off Argentina.

Por Ezequiel Herrero y Santiago Valdemoros *
redaccion@boletinsalesiano.com.ar

Está a miles de kilómetros de su casa, pero no pierde la sonrisa serena y la amabilidad que lo caracterizan. Es que, como le ocurre a muchos, cualquier patio salesiano le resulta familiar a Carlos Martinic, quien pasó casi toda su vida vinculado a la obra de Don Bosco: “Yo hice en el Don Bosco todos los niveles educativos. Después empecé a trabajar como preceptor y más tarde como coordinador de pastoral. De mis 30 años, llevo 26 dentro del colegio”

El “Don Bosco” es la casa salesiana Don Bosco de Río Grande, Tierra del Fuego, tierra natal de este joven que a principios de noviembre se consagró ganador de Bake Off Argentina, uno de los programas más vistos de la televisión. Allí conquistó el paladar de los jurados, pero también la simpatía de sus compañeros y de los televidentes. 

En la semana en que se conoció su triunfo, se hizo un tiempo para conversar con el Boletín Salesiano sobre los aprendizajes, desafíos y sueños que deja esta experiencia.

¿Participar en Bake Off resultó una experiencia educativa?

¡Sin dudas! Yo sabía muy pocas cosas de repostería y ahora conozco una cantidad de técnicas que no las podría enumerar. Pero también me permitió aprender y poner en juego nuevas capacidades que sirven para la vida, más allá del programa. Descubrí nuevas cosas en mí que pude poner en práctica, y lo mejor es que iban saliendo bien y me permitían también ayudar a otros. Uno es educador siempre, en cualquier lugar donde esté, así que educativamente fue lo más.

Esa ayuda entre los participantes fue una característica del programa…

Con el resto de los participantes generamos un clima de amistad muy lindo. Algunos desde afuera justamente criticaban que “no había competencia”. En realidad, era una competencia muy sana, y para mí ha sido un gran ejemplo para la televisión, porque fue el programa más visto y no hubo conflictos, ni gritos: al contrario, la gente se ayudaba. Pudimos demostrar que no siempre hay que competir para “matar” al otro, buscando lo peor en nosotros mismos, sino que podemos ser capaces de encontrar cosas buenas en nosotros, en los demás, y competir intentando dar siempre todos lo mejor.

“Fue el programa más visto de la televisión y no hubo conflictos, ni gritos: al contrario, la gente se ayudaba”

Muchas veces en el patio salesiano hablamos de que tenemos que encontrar lo bueno que tiene cada persona. Y por suerte, en el programa, tanto jurados como participantes siempre tratamos de buscar esa chispa positiva. Incluso el formato está pensado así, nos invita a descubrir quién es el que se va a quedar, nunca nos dice quien se va. Nos ayuda a ver qué es lo bueno de cada plato, más allá de que tenga errores, porque siempre se construye desde lo positivo. Si no hay nada bueno, es muy difícil construir un futuro mejor.

La familia de Carlos está vinculada con la obra de Don Bosco desde siempre. Y él se desempeñó como estudiante, animador, catequista. Hoy es jefe regional de los Exploradores de Don Bosco.

Cuando te inscribiste, ¿soñabas ser el ganador? 

En realidad, cuando ví la publicidad del programa completé el formulario como si fuese un juego. A partir de ahí pasé los distintos castings y una vez que llegué ahí, ví como cocinaba todo el mundo y dije: “Bueno, me quedo una semana”, porque tampoco es que sabía hacer muchas cosas. Siempre para mí era un imposible.

“Para mí la fe es esencial, poder conectarme con Dios, hacer un ratito de oración y descubrirlo en las experiencias que me toca vivir”.

Pero me quedo con la frase del “sueño de los 9 años”, cuando Jesús, el señor vestido de blanco, le dice a Juanito Bosco, “precisamente porque parece imposible, vos lo tenés que hacer posible”. Creo que ahí está la clave. Hay que ponerle el corazón, hay que ponerle garra, y no para ganar, no para conseguir el sueño, sino para demostrar que podemos dejarlo todo en la cancha. Así que todos aquellos chicos, chicas y jóvenes que están pensando, “¿esto será posible?”… sí, jugatela, es posible. 

¿Creés que pudiste poner en juego algo de tu mirada de fe?

Yo suelo ser muy conciliador, entonces frente algún conflicto que se iba generando ponía mi palabra para conciliar y tratar de que no crezca demasiado. Pero creo que todo el grupo de personas que participó en esta edición del certamen tenía esta característica de ser amables. Venían a hacer una experiencia personal de crecimiento y eso facilita muchísimo. Algún salesiano, cuando se enteró que estaba en el programa, me escribió diciendo que era una buena oportunidad para llevar la dulzura salesiana a la televisión argentina. Mil veces repetimos que la dulzura en el hablar y en el obrar lo gana todo y a todos, y yo creo que es verdad.

A veces parecería que la fe es una cosa “auxiliar” en la vida, pero para mí es esencial. Cada día uno puede conectarse con Dios, hacer un ratito de oración, ofrecer el día vivido, pedir por lo que va a venir… Yo no pedía ganar, pedía poder dar lo mejor de mí,  descubrir al Dios de la vida que pasa por esa experiencia que estábamos viviendo.

* Con la colaboración de Manuela Arraga y Ailín Cardoso.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – DICIEMBRE 2021

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