La “sinodalidad” está de moda

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Esta palabra difícil, que viene del griego, quiere invitarnos a vivir tres cosas que no son nuevas: la comunión y la participación al servicio de la misión evangelizadora. 

Por Gustavo Cavagnari, sdb
cavagnari@unisal.it

En el artículo de junio, “No caminar solos”, habíamos dicho que, como práctica eclesial, el discernimiento comunitario está íntimamente ligado a la sinodalidad. Si la sinodalidad es la capacidad de caminar juntos, con el discernimiento en común tratamos juntos de entender qué está pasando en una realidad concreta, evaluamos los desafíos que se presentan y las posibilidades que tenemos, y decidimos qué hacer y cómo hacerlo.

No inventamos nada nuevo

Hoy se habla mucho de sinodalidad. Y es que, reconozcámoslo, la sinodalidad está de moda. Pero esta palabra difícil, que viene del griego, en realidad quiere sencillamente invitarnos a vivir tres cosas que no son nuevas: la comunión y la participación al servicio de la misión evangelizadora. 

No es que no hayamos sentido hablar de ellas, ¿verdad? Tampoco se puede decir que hayamos comenzado a ser “sinodales” ayer. Nunca en su historia la Iglesia ha existido sin asambleas, concilios o sínodos. Y entonces, ¿por qué insistimos con este tema? Porque, según el Papa, este es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. ¿Concretamente? Bueno, es lo que queremos descubrir con el Sínodo sobre la sinodalidad que está en proceso y que terminará en el 2023.

Nunca en su historia la Iglesia ha existido sin asambleas, concilios o sínodos. Según el Papa, este es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio.

Pero, a partir de los pasos que ya hemos dado, podemos anticipar que lo que Dios espera de la Iglesia es que: ella se descubra cada vez más a sí misma como Pueblo fiel de Dios, que en todos los bautizados crezca la conciencia de ser parte de la vida y la misión eclesial, que cada uno escuche a los otros y todos escuchemos al Espíritu Santo, que se combata el clericalismo que ensombrece el rol de los laicos, que los dones de naturaleza y de gracia que cada uno posee puedan ser puestos en común para enriquecer a todos; y así podríamos seguir…

Con “estilo sinodal”

En las últimas décadas, la Iglesia ha dado varios pasos a nivel de estructuras. Entre los muchos organismos al servicio de la vida sinodal de la Iglesia podemos mencionar el sínodo de los obispos, el consejo presbiteral diocesano, el consejo parroquial o, entre los salesianos, el consejo de obra… ¡Quién lo hubiera dicho! Pero sabemos por experiencia que estos espacios pueden no funcionar, o funcionar mal, o funcionar siempre con las mismas personas, o estar viciados.

Por eso, además de las estructuras, hoy se insiste además en el estilo sinodal. El estilo es algo que nos caracteriza, es un modo ordinario de vivir y de obrar, es una manera de ser y de actuar. Cuando decimos que la sinodalidad es un estilo, decimos que lo que distingue la vida y la misión de la Iglesia es caminar juntos con la fuerza del Espíritu Santo para anunciar el Evangelio. 

Y esto es decisivo. Por dar un ejemplo, si un consejo —de parroquia, de escuela, del Movimiento Juvenil Salesiano— estuviese integrado por cinco personas que entre ellas no se pueden ni ver, o en el que alguien tiene siempre la manija, tendríamos una estructura sinodal, pero sin estilo sinodal.

Para que sea auténtica

Y acá venimos al tercer y más importante aspecto. La sinodalidad es expresión de la comunión eclesial. Solo cuando la Iglesia es sýnodos —es decir, una asamblea cuyos miembros viven en la lógica del mutuo servicio (cfr. 1 Cor 12,25) porque el don supremo y regulador de todos es la caridad (cfr. 1 Cor 12,31)— la sinodalidad es auténtica. Si no, es “bla, bla, bla”. En este sentido, la sinodalidad es un “afecto”, y su fuente y paradigma es una espiritualidad de comunión que nace de la Eucaristía.

Si un consejo estuviese integrado por cinco personas que entre ellas no se pueden ni ver, o en el que alguien tiene siempre la manija, tendríamos una estructura sinodal, pero sin estilo sinodal.

Afecto sinodal: ¡sentirnos hermanos y hermanas en Cristo en la comunión profunda de la Iglesia! Estilo sinodal: ¡ver al hermano y a la hermana en Cristo como un don y rechazar las tentaciones egoístas que continuamente nos acechan! Estructura sinodal: ¡valorar y aprovechar los espacios de participación, evitando abusos o pretensiones injustificadas! This is the way!

La espiritualidad de comunión da un alma a la estructura sinodal. “No nos hagamos ilusiones” —decía Juan Pablo II—, “sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos”. Tal vez por eso Francisco dice y repite que “caminar juntos es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica”

Ello requiere un esfuerzo de inculturación de las estructuras eclesiales en las diversas tramas humanas y sociales en las que vive la Iglesia —no todos, en todas las edades, o en todos los contextos, pueden participar del mismo modo—; una mejor y mayor comprensión del estatuto y del rol de los carismas y de los ministerios ordenados, instituidos o simplemente designados —no todos están llamados a hacer todo en la Iglesia, cada uno tiene un puesto y una función específica (cfr. 1 Cor 12,12-17; Rom 12,4-5; Ef 4,4)—; un permanente recordarnos para qué caminamos juntos. 

La meta del camino del Pueblo de Dios es la nueva Jerusalén en donde Dios será “todo en todos” (cfr. 1 Cor 15,28; Ap 21,3). ¿Cómo podemos ser verdaderamente Iglesia sinodal si no vivimos “en salida” hacia todos para ir juntos hacia Dios?

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – AGOSTO 2022

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