El amor puede salvar

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Frente al dolor que genera el suicidio adolescente, el camino pasa por la prevención. Escucha, vínculos y habilidades para la vida.

Por Ezequiel Herrero y Santiago Valdemoros
redaccion@boletinsalesiano.com.ar

La pandemia nos dejó con graves dificultades en salud mental. Hay una consulta más intensa, y muchos adolescentes que no tenían ningún acompañamiento profesional lo han tenido que tener después de la pandemia”, dice la doctora en Educación con mención en psicología educación Carolina Nogueira.

Docente e investigadora de la Universidad Nacional de Formosa, desde 2021 vicedecana de la Facultad de Humanidades de esa casa de estudios, también es autora del libro Desanudando silencios donde aborda el suicidio adolescente. Sobre este tema, siempre difícil, viene desarrollando un trabajo articulado con la obra salesiana en la ciudad de Formosa y conversó con el Boletín Salesiano.

¿Existen en Argentina estadísticas actualizadas?

Hay muy poca estadística sobre suicidios. Lo que podemos confirmar en base a datos del Ministerio de Salud de la Nación es que el suicidio es la segunda causa de muerte entre los adolescentes. Y a nivel mundial, tiene como franjas de mayor riesgo a los adolescentes y a los ancianos

El adolescente es una persona que se está constituyendo y que atraviesa un momento de extrema fragilidad. Tenemos la idea, vinculada al cuerpo, que cuando los chicos se van poniendo más altos, con más pelos, son “grandes”. Físicamente son grandes, pero tienen un alto nivel de fragilidad… como una planta que ha crecido de golpe, pero con muy pocas raíces. Entonces es muy sencillo “arrancarla”.

Por otro lado, la vejez también es muy descuidada psicológicamente, socialmente, inclusive pastoralmente. Es muy dura, porque es la etapa final. No es lo mismo un año para una persona de 80 que para una persona de 20, aunque es la misma cantidad de días.

¿Por qué es importante hablar de suicidio adolescente? ¿Cómo no desatar un efecto contrario al que se busca?

Desde hace un tiempo los adolescentes empezaron a elegir la escuela como lugar donde manifestar la ideación o el intento suicida. La escuela ha cobrado un lugar preponderante en la vida de los adolescentes. Es el lugar de referencia para muchos chicos, más que la familia. Tenemos tal nivel de diversidad en las configuraciones familiares que la estabilidad que brinda la escuela a nivel institucional, para muchos adolescentes, es una referencia.

Quienes trabajan en la escuela lo primero que tienen que tener en claro es que el suicidio o el intento de suicidio es un pedido de ayuda. El que se suicida no quiere morir. Quiere dejar de padecer. El suicidio aparece como una solución a un nivel de sufrimiento que no puede resolver.

Si un adolescente te manifiesta que está cansado, que no puede más, que no aguanta, lo mejor que puede encontrar es un interlocutor válido que le pregunte: “¿Estás pensando en terminar con tu vida?” Es abrirle la puerta a que él pueda contar. El espacio de escucha, el diálogo, la disponibilidad humana hace que tenga margen como para seguir sosteniéndose en la vida. No tenemos que tener miedo de preguntar, porque una persona que tiene ideación suicida, no va a pasar al acto por la pregunta. Al contrario, va a tomar distancia de ese acto.

A veces hay mucho temor a preguntar sobre este tema…

Hay un estudio realizado en Estados Unidos donde se evaluó la diferencia entre aquellas personas con idea suicida a las que se les había preguntado directamente y aquellas a las que no se les había preguntado. El 80% que había recibido la conversación directa no se suicidó. No solamente es bueno, sino que se debe preguntar

Lo que pasa es que también los adultos estamos muy solos, y por eso a veces no preguntamos. Uno siente que si pregunta va a tener que asumir esa respuesta y, ¿cómo la va a asumir si se siente solo en la institución? Entonces miramos para otro lado, dejamos que otro se ocupe. Necesitamos tener apoyo, porque nadie puede con esto solo. Uno de los grandes problemas que tenemos en este momento es el individualismo, la dificultad para construir redes. Perdemos de vista que necesitamos del otro.

¿Es posible trabajar este tema de manera preventiva?

No hay nada más doloroso que el suicidio de un joven. Es una situacion límite para la familia, para los compañeros, pero también el proceso de intento de suicidio. Es desesperante, porque vos sabés que estás ante un peligro inminente. El suicidio es prevenible, pero no siempre es evitable.

Pero en el camino de la prevención, hay que trabajar las habilidades para la vida: la resiliencia, la solidaridad, la tolerancia a la frustración, la resolución de problemas, el manejo de las expectativas. El adolescente no siempre viene de un hogar donde se lo forma en ese sentido, entonces no podemos presuponer que las tiene. 

La especialista Carolina Nogueira viene desarrollando un trabajo articulado con la obra salesiana en la ciudad de Formosa. 

A veces creemos que estas habilidades o valores se dan por sí solos. Pero a los valores hay que enseñarlos. Se transmiten por el testimonio si otro te observa, pero vivimos en una sociedad donde nadie observa a nadie. Hay gente muy permeable al aprendizaje por imitación, pero eso no es un parámetro general.

Y la segunda clave es generar bienestar. Porque si vos estás bien en un lugar, no te vas. A mí me encanta la vida, pero porque también hay mucha condición de bienestar en mi vida. No solamente de bienestar material, sino también de bienestar subjetivo. Es esa lectura que hago de mi propia experiencia, en donde la escuela juega un rol importante. Aunque todo lo demás del adolescente esté mal, si en la escuela está bien, es un espacio que lo ancla. Pero si todo está mal afuera y además está mal en la escuela, no le queda nada.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – AGOSTO 2022

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