Dejar hacer a Dios

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Siguiendo el ejemplo de María, maestra de la escucha.

Por Luis Timossi //

ltimossi@donbosco.org.ar

La mirada sobre la realidad no basta. Ver, es el punto de partida. María se dio cuenta de lo que sucedía en las bodas de Caná y descubrió preventivamente el sufrimiento que estaba por llegar a la vida de esos jóvenes esposos: no tienen vino. Se les acaba la alegría.

Pero, a esta primera lectura sensible y atenta, María le suma una tensión operativa: busca una respuesta que dé solución al problema. Su mirada no es ingenua ni superficial, sino intencionada. Ella lee la realidad desde la fe en Jesús. Mientras descubre el problema, su alma llena del Espíritu Santo, la orienta a presentar la situación a su Hijo. Es a Él a quien plantea el problema y es en Él en quien confía plenamente: “hagan lo que Él les diga”.

El contratiempo descubierto, lo presenta enseguida a su Hijo, proponiéndole a los servidores –nunca mejor elegido el título que define lo que somos– hacer lo que Él les diga.

“La voluntad de Dios surge de dentro de nuestra colaboración en los acontecimientos que vivimos, en Él y por su causa”, expresa Don Fabio en el Aguinaldo 2026. Para esto es imprescindible cultivar y profundizar nuestro vínculo con Jesús, con su persona misma. Él es la fuente de toda inspiración y tarea.

No ser autorreferentes

No es María quien resuelve directamente la situación. Ella no es autorreferencial. Su testimonio nos enseña el camino justo para dar respuesta a la realidad. No se pone en el centro, y no quiere que asumamos nosotros un protagonismo inadecuado y afanoso. Nos pide que escuchemos: hagan lo que Jesús les diga. 

María es la voluntad de Dios encarnada, la total disponibilidad a la acción transformadora y liberadora de Dios.

Esta es una genialidad, un rasgo típico de su manera de ser. Ella es la voluntad de Dios encarnada, la total disponibilidad a la acción transformadora y liberadora de Dios. Su respuesta más radical fue: hágase en mí según tu palabra –Lc 1; 38–. Es plenamente consciente que el sujeto único y protagónico de toda acción salvadora, es decididamente Dios.  

Dejar hacer a Dios

María en los Evangelios nunca hace nada. Ella siempre deja hacer. Reconoce en su cántico ante Isabel: El Señor hizo en mí grandes cosas –Lc 1; 49–. Su índole es poseer plena conciencia y visualización del sujeto de la acción. Su reacción es una acción refleja, donde el actor, que es Dios, pasando por la transparencia de su libertad y la plenitud de adhesión a su voluntad, le permiten a Dios obrar incondicionalmente.

¿Quién es el verdadero sujeto de toda acción educativo-pastoral? No somos nosotros. Es Jesús quien nos comunica la luz y la energía de su Palabra para actuar en su nombre, como servidores del Reino. Por eso hay que aprender a hacer lo que Él nos diga.

Aquí no funciona el: “acción – reacción”

María nos enseña a escuchar y hacer lo que Jesús quiere. Este cambio de sujeto, del yo o del nosotros, a Jesús como principal referente, implica toda una transformación de perspectiva para una espiritualidad de la acción.

A una necesidad detectada en la realidad de los jóvenes, no corresponde inmediatamente una acción de parte nuestra, poniéndonos como protagonistas o sujetos operantes. Es necesario pasar por una fase de escucha y docilidad creyente. Porque confiamos –creemos– que quien ya resolvió el problema de la historia humana –de toda historia humana– con su muerte y resurrección –su Pascua–, es Jesús. Allí está la síntesis de la Palabra que debemos escuchar, de la revelación de Jesús que, como servidores, tenemos que prestar atención.

Entonces, a una situación de planteo de la realidad: no tienen vino, corresponde inmediatamente escuchen y hagan lo que Él les diga. 

La lógica salesiana de la acción

Esta es la lógica salesiana de la pastoral. Esta es la originalidad mariana de nuestro carisma que pasa no tanto por hacer muchas cosas en bien de la juventud, sino por dejar hacer a Dios en nosotros y por medio nuestro. Sólo convertirnos en signos y portadores de su amor.

La originalidad mariana de nuestro carisma pasa no tanto por hacer muchas cosas en bien de la juventud, sino por dejar hacer a Dios en nosotros y por medio nuestro.

Hacernos cargo nosotros, sin tener en cuenta el protagonismo de Dios, es plagiar su obra, es usurpar un lugar indebido. María es en esto, totalmente transparente, porque su fe es radical, y por tanto, toda referida a Jesús.

María, nuestra Madre Auxiliadora, nos enseña a escuchar, a obedecer a Jesús.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – ABRIL 2026

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