Preguntas y respuestas sobre el pensamiento del santo acerca de la misericordia de Dios, a partir de la publicación de uno de sus escritos.
Por Ezequiel Herrero
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“Cuando salió el documento del Papa invitando a este Jubileo de la Misericordia, no creo que hayan sido muchos los que, aún conociendo la tradición de Don Bosco, pensaron que podría haber escrito algo sobre la misericordia de Dios”, comenta el salesiano Juan Picca. Un verdadero referente en el conocimiento sobre la vida del santo y de la extensa obra bibliográfica a él referida, Picca escribió el prólogo de una nueva publicación de Ediciones Don Bosco Argentina, en colaboración con la Central Catequística Salesiana de España, que presenta el pensamiento de Don Bosco sobre la misericordia ofreciendo la traducción de una de sus obras, inédita en español, Ejercicios de devoción a la misericordia de Dios.
¿Qué características tiene esta obra escrita por Don Bosco?
Está pensada como un librito de bolsillo, con una finalidad bien práctica: tenerlo siempre al alcance de la mano. Por eso, más que un tratado sobre un tema de tipo teórico o doctrinal, lo que escribe Don Bosco es un pequeño devocionario, y esto ya brinda una característica particular del texto; la atención se concentra, más que en una doctrina expuesta en forma teórica, en una práctica religiosa. Refleja una orientación espiritual y pastoral, una actitud, un modo de predisponerse frente a esta devoción de la misericordia de Dios. En definitiva, es la presentación de un ejercicio piadoso; la atención está centrada sobre una experiencia de tipo pastoral más que sobre ideas. Y eso refleja una actitud muy propia de Don Bosco.
¿Qué relación hace Don Bosco entre la misericordia y la reconciliación?
La confesión es uno de esos instrumentos al que Don Bosco dio siempre muchísima importancia. De hecho, una de las fotos más conocidas y difundidas que se tomó el santo —la de un joven Pablo Álbera hablándole al oído, rodeado de muchachos— fue armada “artificialmente”, y representa una confesión. Don Bosco quiere darle un significado importante en la perspectiva educativa y en su propuesta de evangelización como un momento valioso de encuentro personal.
En Valdocco, cada uno estaba convencido de ser el preferido de Don Bosco y de tener momentos en que él casi se apartaba del grupo para dirigirse a una persona; lo que conocemos hoy como “la palabra al oído”. La confesión es el espacio propicio para ese contacto personal. Don Bosco mantuvo lo más que pudo su costumbre de confesar, incluso a los salesianos. La confesión, en sintonía con la misericordia, es el momento en el que se manifiesta justamente esta actitud de compresión, de recibir a quien viene.
Francisco habla del “rostro” de la misericordia; algo inmediato, experiencial. Es interesante el vínculo con el texto de Don Bosco, que apunta a que esa actitud de Dios toque la propia experiencia del joven.
¿Qué novedad introduce Francisco en Misericordiae Vultus?
El papa Francisco acentúa mucho las dimensiones del “gesto”, algo que es en sí mismo signo y portador de un mensaje, más que las mismas palabras. Esto se puede apreciar incluso en el nombre que le da al documento que anuncia este año jubilar, Misericordiae Vultus, “el rostro de la Misericordia”. El rostro es algo físico, habla de una presencia personal, cercana, que se manifiesta en actitudes y gestos. Y en el fondo el rostro de Dios, que no se ve, que en la Biblia nadie vio, en un determinado momento de la historia de la salvación toma un rostro: Jesús. Esta actitud misericordiosa de Dios y de total gratuidad y clemencia para con los hombres y la historia de su pueblo se vuelve tangible en el rostro de Jesús.
¿Hay alguna relación entre los magisterios de los tres últimos Papas sobre la misericordia?
San Juan Pablo II sacó un documento, una de sus primeras encíclicas, muy amplia y detallada como acostumbraba hacer él, cuyo título fue Dives in misericordia, un Dios “rico en Misericordia”. Se nota en seguida la diferencia de actitud entre ambos Papas. El título de San Juan Pablo II queda todavía en abstracto. En cambio, Francisco habla del “rostro” de la misericordia. Apunta mucho más a lo inmediato, a lo experiencial. En ese sentido, creo que es muy interesante la vinculación con el texto escrito por Don Bosco, que apunta a hacer de esta actitud de Dios algo que toque la propia experiencia del joven.
¿Qué lugar le daba Don Bosco a la misericordia en la práctica educativa y evangelizadora?
Para Don Bosco era más importante el ejercicio práctico que la teoría. Para él es muy importante generar hábitos en el chico, que se acostumbre a vivir una cierta experiencia, de un determinado modo. Y que se acostumbre a que esa experiencia tenga una incidencia en su vida. Don Bosco invitaba a una confesión semanal, o frecuente, que se repite y que de algún modo va creando un hábito, un acostumbrarse, que hace que uno la vaya integrando en su propia existencia y su propio modo de vivir; un pequeño compromiso de vida cristiana, y si se quiere también de honestidad. Es justamente lo que hace a esta dimensión más existencial y no tan teórica.
¿Cómo respondemos a la propuesta de Francisco desde el carisma salesiano?
Insistiendo en este acompañamiento cercano que se hace presente con gestos y no solamente con palabras o declaraciones teóricas, y que va acompañando la vida en los diversos momentos; en los momentos alegres, y con más razón todavía cuando los momentos son difíciles o de sufrimiento. En este sentido, bastaría pensar en las biografías que Don Bosco escribe, sobre chicos temperamentalmente muy distintos, y sin embargo, a pesar de la diversidad, cada uno tiene su parte en la actitud del educador, y es Dios mismo quien en él los recibe.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – ABRIL 2016

