La escuela, insustituible.

Por: Redacción Boletín Salesiano
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Según un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación, el 30,5% de los docentes de primaria en Argentina trabajan en dos o más escuelas. Esa proporción es muy superior al promedio de los países de América Latina –11,4%–. Argentina es también el país de la región con el mayor porcentaje de educadores que tienen otro trabajo remunerado por fuera de la escuela; el 14,4% de los docentes argentinos declaran tener otra actividad remunerada, mientras que el promedio regional es 8,4%.
Estas condiciones económicas vienen a acrecentar o reflejar una realidad que se instala con fuerza en el último tiempo: la desvalorización de la figura del docente. El lugar de “prestigio” que, hace algunos años, ocupaba un docente en la sociedad parece haber quedado en el recuerdo y por el contrario la demanda sobre su trabajo es cada vez mayor al tiempo que el reconocimiento y el cuidado es cada vez menor.
En Argentina el 30,5% de los docentes de primaria trabajan en dos o más escuelas, además de ser el país de la región con el mayor porcentaje de educadores que tienen otro trabajo remunerado por fuera de la escuela.
Seguramente, esa es una de las razones –junto a una serie de factores sociales y culturales– por las cuales en el último tiempo muchos establecimientos educativos han experimentado dificultades a la hora de encontrar docentes para determinadas áreas. Y si bien en algunas disciplinas esto siempre fue un desafío, quienes desempeñan tareas de gestión reconocen que esta dificultad en el último tiempo se extiende también para cubrir vacantes en el nivel primario.
Entonces, cabe preguntarse si la escuela sigue siendo un espacio imprescindible para construir y transmitir aprendizajes, ¿cómo volvemos a poner en valor lo que allí ocurre? ¿Por qué proponerle a un joven que está terminando la secundaria encarar una carrera vinculada a la docencia en cualquiera de los niveles? ¿Por qué alguien elegiría ser docente hoy?
La escuela, vínculos
Las respuestas a estas preguntas pueden ser muchas y diversas. Pero pensar la escuela implica entenderla necesariamente en un contexto, con el que dialoga, del que se enriquece y al que también puede contribuir.
El Centro de Formación Profesional “Talleres Don Bosco”, de Zapala, Neuquén es la única institución educativa que ofrece formación profesional en la localidad. Allí reciben a jóvenes y adultos provenientes de distintos barrios. “Esta diversidad nos invita a ser una institución abierta, cercana y comprometida con la comunidad. Por eso, procuramos involucrarnos y ser parte activa de las diferentes propuestas y actividades que se desarrollan en nuestra localidad, fortaleciendo vínculos con instituciones que son referentes en la ciudad”, comparte María Rosa, directora del centro.
“Muchas veces en los barrios hay enojos, frustraciones, pero cuando se habla de la escuela, de su escuela, se unen dejando las diferencias de lado”.
La escuela cumple un rol fundamental en cada barrio, y muchas familias encuentran allí un lugar de oportunidades, contención y cuidado. “Muchas veces en los barrios hay enojos, frustraciones, pero cuando se habla de la escuela, de “su” escuela, se unen dejando las diferencias de lado”, expresa Cristina, representante legal del colegio María Auxiliadora de Ensenada. Las puertas siempre abiertas, la escucha, la confianza y la centralidad de niños, adolescentes y jóvenes, son algunas de las características que Cristina identifica para favorecer el diálogo entre la escuela y el contexto barrial. “Las estrategias tienen que ver con el amor, la entrega y la solidaridad diaria de los maestros y profesores que ejercen cada día en silencio”.
Ser docente es mucho más que enseñar una asignatura o un oficio, es generar un vínculo que se construye día a día, que abre posibilidades y que construye identidad. Para eso el patio, es un espacio privilegiado. “El mate siempre está presente, la pelota a disposición, una charla, un caramelo, una palabra de aliento. Son pequeños gestos cotidianos que construyen vínculos y hacen que quienes llegan se sientan recibidos, acompañados y parte de una comunidad”, indica María Rosa, y Cristina añade que la escuela tiene un lugar fundamental en acompañar la búsqueda de vocación de los chicos y chicas, animarlos a soñar su futuro a traves de una carrera o oficio a pesar de las dificultades del contexto: “Es hacer que miren su propia vida para que puedan verse en un abanico de posibilidades, y siempre intentar dejar una huella para que se sientan amados y confiados”.
La escuela, experiencias
Si estás leyendo estas líneas es porque seguramente tuviste la oportunidad de pasar por una instancia de educación formal, es decir una escuela en alguno de sus diferentes niveles. Claro que no se trata solamente de un espacio o lugar donde se recibe una educación académica o disciplinar –con toda la importancia que tiene la misma–, sino también de una experiencia, un lugar imprescindible que nos forma como personas.
Y esas experiencias con más o menos matices se siguen recreando en diferentes contextos, gracias al compromiso y labor de quienes las llevan adelante, le ponen el cuerpo y se comprometen en ellas.
En ese sentido, la escuela San Juan Bosco –mejor conocida como “la Nocturna”– es una propuesta de la Casa Salesiana San Juan Evangelista, ubicada en el barrio porteño de La Boca, que brinda la posibilidad de finalizar los estudios a quienes por distintos motivos quedaron fuera del sistema escolar. “Acá llegan pibes, pibas y adultos que están ‘peleados’ con un sistema educativo que los expulsó, ya sea por no cumplir con la presencialidad o por ciertas conductas, pero todos quedaron desvinculados con la escuela. Nosotros buscamos reconciliar y sanar la historia, el aprendizaje y las trayectorias educativas dañadas de cada persona que viene a estudiar”, explica Elena, directora de la Noctura.
«Buscamos reconciliar y sanar la historia, el aprendizaje y las trayectorias educativas dañadas de cada persona que viene a estudiar».
La Escuela Laboral Domingo Savio de Río Gallegos, nació como respuesta a las necesidades sociales, educativas y laborales de jóvenes que se encuentran en contextos sociales complejos. Allí se busca ofrecer una formación integral, involucrándose directamente con problemáticas del barrio y la comunidad. Al mismo tiempo existe una propuesta muy concreta para jóvenes de entre 14 y 17 años que ingresan a la escuela sin los procesos de alfabetización adquiridos, de acuerdo a sus intereses, necesidades y sus tiempos de aprendizaje. “Generar este tipo de oportunidades de aprendizaje requiere reflexionar acerca de las prácticas pedagógicas de nuestros educadores, implicando espacios de formación y de trabajo en equipo, que permiten promover propuestas pedagógicas diversificadas”, comparte Claudio, director de la primaria y añade que para hacer eso posible cuentan con “educadores comprometidos con la propuesta, que se involucran en la realidad de los estudiantes, y que hacen ambiente y presencia activa entre los jóvenes”.
En “la Nocturna” del San Juan Evangelista, realizan también un trabajo puntilloso: asignar a cada estudiante un docente que de alguna manera se vincula con su problemática vital. Por ejemplo, hay una profesora que acompaña a las mujeres que son madres, o un profesor de biología que acompaña mucho en salud y en el deporte, un profesor de economía que los acompaña a quienes se encuentran trabajando o en la búsqueda de empleo. “A los pibes les duele muchísimo la situación que atravesaron en la escuela. Muchos de ellos vienen de familias muy destrozadas, o no tienen familia, y la escuela tiene que ser ese segundo hogar. Entonces es muy bello cuando los que están pronto a egresar piensan estudiar una carrera o una tecnicatura, que quieran continuar con su proceso de estudio, que hayan adquirido una nueva manera de ver y encarar la vida”, concluye Elena.
La escuela, oportunidades
La experiencia escolar no podría ser posible sin todo el trabajo que llevan adelante los docentes, quienes a pesar de las dificultades y desafíos que exponen los datos y estadísticas, eligen entregar el corazón a una profesión que cobija a tantos corazones. Porque las palabras son fundamentales, pero el ejemplo es muchas veces más valioso y educativo.
Por ejemplo, en la “Nocturna” de La Boca, como proyecto final del cuatrimestre los alumnos cocinaron en la escuela, armaron viandas y las repartieron por el barrio. En la Escuela Laboral de Río Gallegos trabajan en proyectos para el cuidado del medio ambiente y en proyectos de servicio que los involucran directamente con problemáticas del barrio y la comunidad. En Ensenada, hace unos años, los alumnos realizaron un proyecto de servicio en Santiago del Estero, y los chicos y chicas vivieron unos días de entrega generosa y genuina, en medio del monte, sin luz eléctrica y sin agua potable.
Lejos de invisibilizar la difícil realidad que acompaña esta profesión –y que requiere respuestas urgentes–, ser docente hoy es ofrecer un servicio a la humanidad; es hacer algo por el otro, para que el otro pueda hacer algo por alguien más. Menospreciada, criticada, sobreexigida, la escuela hoy sigue siendo un espacio imprescindible en la construcción de una sociedad más justa, inclusiva e igualitaria. Porque no se trata solamente de una declaración de buenas y bonitas intenciones, sino de una propuesta concreta para la transformación de la vida de tantos chicos, chicas, jóvenes y adultos.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2026
