
No me importa
No voy a vivir con miedo a nacer
Si voy a morir, que sea más tarde
No voy a parar por miedo a correr
Sé que quisieran poder controlarme.
Hice todo lo que quería hacer
Soy todo lo que quiero ser de grande
Y aunque nada sea como era ayer
No voy a cambiar por mucho que ladren.
Nunca fui lo que querían de mí, y no me importa
Siempre están los que estuvieron ahí, el resto sobra
Y las cosas que me puedan decir ya no me importan
Ey, oh, acelero y voy, cuando quieran, saben dónde estoy
(fragmento)
Artista: Lali
Por Berenice Leguiza
Bereyteo2018@gmail.com
¿En qué momento empezamos a vivir más pendientes de lo que esperan los demás que de lo que sentimos de verdad?
La canción “No me importa” de Lali pone en palabras un quiebre silencioso que muchas veces aparece en la vida: cuando nos cansamos de explicarnos, de justificarnos y de intentar encajar en moldes que no nos pertenecen.
“Nunca fui lo que querían de mí” dice la canción, y en esa frase aparece el cansancio de vivir bajo expectativas ajenas. Hay una voz que acepta, que no responde a lo que otros esperan y, lejos de esconderlo, lo reconoce.
Decir “no me importa” no es indiferencia ni egoísmo: es una elección; es dejar de cargar con miradas ajenas y animarse a priorizar la propia verdad. La letra no habla de desentenderse de los demás, sino de dejar de vivir condicionado por el juicio externo. Nos invita a soltar mandatos y a aceptar que no todos van a comprender el camino propio.
Ser fiel a nosotros mismos implica valentía e implica aceptar que no siempre vamos a cumplir expectativas y que no siempre vamos a agradar. En la canción aparece con fuerza la idea de sostenerse en los vínculos verdaderos, esos que acompañan sin exigir que seamos algo que no somos: “siempre están los que estuvieron ahí”. Ahí también hay libertad. Cuando dejamos de pedir permiso para ser nosotros mismos y elegimos apoyarnos en lo auténtico.
En este sentido, el mensaje se puede vincular profundamente con el espíritu de Don Bosco, quien confiaba en los jóvenes y en su capacidad de construir su propio camino.Don Bosco no buscaba hacer copias, sino que acompañaba a cada persona a descubrir quién es, valorando su historia, sus dones y su manera única de estar en el mundo. Ser fiel a uno mismo también es eso: animarse a crecer desde lo que uno es, sin negar la propia identidad, crecer en el barro. Es vivir con coherencia entre lo que se siente, lo que se cree y lo que se hace, porque cuando nos animamos a ser auténticos se empieza a vivir de verdad.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – ABRIL 2026
