Aquí están, estos son

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Don Bosco le escribe a monseñor Aneiros con un pedido especial.


Por: Néstor Zubeldía, sdb

nzubeldia@donbosco.org.ar

El mismo día de la despedida de los primeros misioneros salesianos en el puerto de Génova, Don Bosco entregó al jefe de la expedición, Juan Cagliero, una carta para el arzobispo de Buenos Aires. Era la presentación formal del grupo en conjunto y uno por uno. Esto después de varias idas y vueltas a lo largo del último año en cuanto a cantidad y nombres de los enviados. Esa vez, ya con los misioneros a bordo del Savoie, viajaría también la lista definitiva. O casi, porque, como sabemos, los dos misioneros más jóvenes, que aún no habían hecho el servicio militar en Italia y por eso estaban “flojitos de papeles”, se incorporarían al barco recién en el puerto francés de Marsella, si todo funcionaba como estaba previsto. 

Don Bosco se puso bien formal en esta carta al arzobispo y la redactó en un latín elegante. Aunque escribió en Génova, la dató en la sede oficial de la Congregación en Turín. Y en ella no solo presentó a sus misioneros, sino que los encomendó encarecidamente al arzobispo con expresiones que imaginamos llenas de emoción en esa hora de la despedida, sabiendo que a la mayoría ya no los volvería a ver en esta vida: “Hasta ahora han sido mis hijos; en adelante serán de usted, y yo recibiré como hecho a mí todo lo que usted hiciere por ellos”.

Es justo decir enseguida que monseñor Aneiros se comportó desde el comienzo y siempre como un verdadero padre para aquellos primeros salesianos y para los que vinieron después. Les abrió las puertas de la Arquidiócesis, que en aquellos tiempos abarcaba desde el norte bonaerense hasta el Cabo de Hornos. En una época de tantas restricciones, les dio todos los permisos necesarios para desarrollar su misión en la Argentina. Con los años, ordenó diáconos y sacerdotes de distintas camadas de misioneros que continuaron llegando al puerto de Buenos Aires. Acompañó personalmente la fundación de varias casas salesianas. Incluso donó su residencia de verano para fundar la casa de las Hijas de María Auxiliadora en Morón. Abrió a los primeros misioneros las puertas de la Patagonia al confiarles la inmensa parroquia de Carmen de Patagones. Y al viajar a Roma por el jubileo episcopal del papa Pío IX, se dio el gusto de visitar y conocer personalmente a Don Bosco en el Oratorio de Valdocco, donde fue recibido con todos los honores.

A continuación, la traducción de la carta de Don Bosco a monseñor Aneiros: 


Al Excmo. Sr. Arzobispo de Buenos Aires.

Excelencia Reverendísima:

Van los religiosos salesianos de quienes varias veces hemos escrito. Aunque todos están prontos para trabajar en la viña del Señor, ya sea en la enseñanza de los niños como en el servicio del sagrado ministerio, sin embargo, apelo encarecidamente a su bondad para que los reciba como a hijos y los ayude con sus consejos en todo lo que juzgue conveniente. Hasta ahora han sido mis hijos. En adelante, serán suyos y yo recibiré como hecho a mí todo lo que usted hiciere por ellos. Acompaño sus nombres, grados literarios y cargos que miran su vida tanto civil como eclesiástica. Junto con mis hijos va el señor comendador Juan Bautista Gazzolo, cónsul argentino en Savona, a quien debemos mil atenciones y quien le dirá muchas cosas en mi nombre. El Dios bondadoso, el Dios de clemencia, haga que todas las cosas salgan a medida de sus deseos, Excmo. Señor, y le conceda muchos años de vida, mientras que humildemente le ruego que a mí y a mis hijos nos recomiende en el santo sacrificio de la misa y en sus oraciones. 

Nombres y cualidades de los salesianos que van a la Arquidiócesis del Buen Aire:

Sac. Juan Cagliero, doctor en sagrada teología, presidente de las conferencias de moral, dotado regularmente de todas las condiciones que se requieren, tanto para los asuntos civiles como eclesiásticos. 

Sac. José Fagnano, doctor en bellas letras; esto es, regularmente aprobado para enseñar literaturas griega, latina e italiana; historia, geografía y otras materias que a humanidades se refieren. Es el designado para director del futuro colegio de San Nicolás.

Sac. Domingo Tomatis, doctor en bellas letras, como el de arriba.

Sac. Juan Bautista Baccino, profesor superior.

Sac. Valentín Cassinis, profesor.

Don Juan Bautista Allavena, profesor de gimnasia.

Bartolomé Molinari, profesor de gimnasia y maestro de música instrumental y vocal.

Bartolomé Scavini, maestro de carpintería.

Vicente Gioia, recadero y maestro del oficio de zapatero.

Esteban Belmonte, profesor de gimnasia y administrador de la Casa.

Además, todos saben música y tienen práctica en la docencia de niños, tanto en las ciencias como en la catequesis.

Turín, 14 de noviembre de 1875

Sac. Juan Bosco

Superior General


Cuando los primeros salesianos desembarcaron en Buenos Aires, hacía sólo dos años que León Federico Aneiros se había convertido en el segundo arzobispo porteño. Tenía cuarenta y nueve años de edad y veintisiete de sacerdote. Había sido periodista, profesor de derecho canónico en la Universidad de Buenos Aires, donde había conocido al cónsul Gazzolo como bibliotecario, y también se había desempeñado como diputado nacional. Fue arzobispo de Buenos Aires por veintiún años, hasta su muerte en 1894. Llegó a ver y acompañó la rápida expansión de los salesianos en la Argentina.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2025

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