¿Nos debemos algo?

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Soy lo que doy

Tanto que me revolqué en el barro
Tanto, que me volví arcilla, y la vida
Me dio forma de jarro.

Tantas veces que quedé en cenizas
Tantas, que ahora frente al fuego
me juego
La mejor de mis risas.

Tanto amor que di a brazos abiertos
Que ahora han florecido los desiertos
Tanto que cuidé de mis estrellas
Que ahora siento que me cuidan ellas
Tanto como di
De una forma u otra, lo recibí

Y si preguntan quién soy y adónde voy
Yo diría que voy montado en algún bus
en búsqueda de luz.

(fragmento)

Artista: El árbol de Diego

Álbum: Destellos de sol (2024)

Por Mariana Montaña
marianammm@gmail.com

¿Qué valor tiene un abrazo? ¿Cómo podemos cuantificar ese gesto que llega luego de un enojo, una discusión, una despedida? 

En esta canción, Diego Huberman, deja de naturalizar ese gesto de amor: se dió en un momento esperado, puede valer el doble, el triple y ese valor no es monetario, no importa cuántos ceros tenga la billetera virtual. Si no llega ese abrazo, duele, “quedé en cenizas”

¿Cuántas veces medimos los signos de amor desde una lógica económica? ‘Me invitaste unos mates, yo te invité una cena, me debés algo’. ‘Si yo limpio la casa, entonces vos cocinás toda la semana’. Son discursos que se repiten, forman parte de un modo de convivir que hemos aceptado y multiplicamos sin darnos cuenta porque quizá es el único que conocemos. 

Nos han enseñado que así funciona la sociedad y se traslada a nuestras relaciones humanas olvidándonos de los valores evangélicos. Este tema musical nos recuerda un poco la premisa que conocemos bien: “dar sin esperar nada a cambio” –Lc 6, 35–. Este artista chileno lo lleva un poco más allá: “al final del suma y resta, no soy más de lo que doy”. Conforma identidad, estilo personal, opción de vida; ya no importan las cuentas, eso que das, te describe íntegro.

Sí es cierto que necesitamos dinero para vivir y estamos ante un cambio de época donde es mal visto quien practica una economía social para colaborar con otros. El círculo nos lleva a meternos más adentro y mirarnos el ombligo; enojarnos con quienes no pueden, no hacen, no rinden. La furia es moneda corriente y el malestar va inundando todos los espacios de convivencia, ¿dónde está la luz de la que habla el autor? ¿Será quizá que ese viaje en bus, en colectivo, nos lleve a encontrarnos con quienes sienten parecido y quieran ser en comunidad? ¿Será? 

“Tanto como di: de una forma u otra, lo recibí”. No es parte de un idealismo, somos muchos los que lo hemos experimentado, en nuestras parroquias, en el oratorio, o en el grupo. Si vos sos uno de ellos, de ellas que están ahí y esperan, no es una quimera: se hace real sumándote como te salga, con lo que sos, seas barro, arcilla u oro reluciente. Cada uno de nosotros tiene una pieza de esa solución, basta encontrar a los compañeros del bus en viaje a aquellos desiertos florecidos.  

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2025

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