El primer envío misionero de las Hijas de María Auxiliadora.

Por: María Baffundo, fma
mariabaffundo@gmail.com
“El 8 de septiembre (1877), fiesta de la Santísima Virgen, se comunica a la comunidad que Don Bosco ha decidido enviar la primera expedición de Hijas de María Auxiliadora a América: su meta será el Uruguay. Ante esta hermosa noticia, brota un himno de alegría de todos los corazones todas las gracias a la Virgen por haber escogido a sus humildes hijas para cruzar el Océano e ir a redimir a tantas almas sedientas de luz, de bien y de vida eterna”.1
Así presenta la Cronohistoria –crónica escrita que recoge todo el proceso de fundación del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora– el inicio de las Misiones de las Hijas de María Auxiliadora.
Nuevas formas de vida
La primera partida misionera de las Hijas de María Auxiliadora –FMA– para América, marcó un hito en la historia del naciente Instituto, que tiene sus orígenes en un contexto histórico, social, cultural y eclesial, tan complejo, como significativo.
El Risorgimento y la Unificación de Italia (1850-1900), fruto de un proceso de conflictos internos y externos, con los Reinos y Estado vecinos, llevó a grandes cambios en la península itálica. Caracteriznadose por una gran brecha entre el norte –industrial y culto–, y el sur –agrícola, empobrecido y reprimido militarmente–.
En este contexto una salida que muchos vieron como posibilidad de mejora de vida, de trabajo digno y prosperidad económica fue la emigración. A finales del siglo XIX, millones de italianos dejaron su patria para establecerse sobre todo en la zona sur de América Latina –Argentina, Brasil, Uruguay– y en Estados Unidos.
Tras perder los Estados Pontificios en 1870, el papa Pío IX prohibió la participación política de los católicos. Al quedar al margen de la vida civil, los católicos volcaron su fuerza en la acción social –cooperativas, hospitales, escuelas– sentando las bases de la Doctrina Social de la Iglesia con la encíclica Rerum Novarum (1891) de León XIII.
Durante esta etapa histórica, la mujer dejó de ser una figura limitada al hogar, sin voz ni voto, para convertirse en un motor esencial de cambio político, educativo y social, y con un fuerte impacto en la vida de la Iglesia.
Estas mujeres religiosas fundaron y gestionaron escuelas populares, colegios, internados, orfanatos y hospitales, atendiendo las necesidades que el nuevo Estado italiano ignoraba.
El convento, lugar de clausura y de la vida religiosa contemplativa, dejó de ser la única opción para aquellas que no se sentían llamadas al matrimonio y si a una entrega más profunda a Dios. Nacieron nuevas formas de vida religiosa femenina activa y comunitaria. Estas mujeres religiosas fundaron y gestionaron escuelas populares, colegios, internados, orfanatos y hospitales, atendiendo las necesidades que el nuevo Estado italiano ignoraba.
La Iglesia impulsó la alfabetización de las mujeres para asegurar la educación católica en las familias. La mujer se convirtió en la guardiana de la fe y la moral dentro del hogar, frente a las políticas liberales, mientras que hacia el exterior actuó como una incansable artífice de la transformación social de la nueva nación. Y fueron ellas, las consagradas de las nuevas familias religiosas que acompañaron a las familias que formaron parte de la emigración masiva a finales del siglo XIX.
“Cuida de ellas, son mis hijas”
En este contexto y precisamente en Turín –centro industrial, burgués y por cuatro años capital del Reino de Italia–, fue donde Don Bosco, a la par de fundar a la Pía Sociedad de San Francisco de Sales (1859), comienza a “soñar” con un campo de misión más vasto.Y sabemos que los sueños de Don Bosco, son las expresiones más genuinas de sus deseos profundos, de querer poner a los jóvenes de pie, de su ardor por evangelizar y llevar las almas a Dios..
De ese tiempo tan fructífero, llegan a través de las Memorias Biográficas de Don Bosco, tres grandes sueños misioneros, que presentan destinos conocidos y queridos: la Patagonia2, el sinuoso recorrido por América Latina3 y la presencia misionera en América del Sur4.
Al recorrer las calles de Turín, descubrió que no solo los muchachos necesitaban hogar, familia, educación y pan, sino también otras tantas jóvenes.
Al recorrer las calles de Turín, descubrió que no solo los muchachos necesitaban hogar, familia, educación y pan, sino también otras tantas jóvenes. Al mismo tiempo la mediación de personas significativas de la sociedad piamontesa y la voz del Señor en sus sueños le recordaba: “Cuida de ellas, son mis hijas”.
Se abocó en la búsqueda de mujeres que pudieran llevar adelante esta tarea de ser lugar de contención, madres, educadoras; y luego de confrontarse con laicas y religiosas, llegó a Mornese. Allí, encontró un grupo de jóvenes, sencillas hijas de ese pueblo dedicado al cultivo de la tierra, que dividían su tiempo entre el trabajo, su hogar y la Iglesia, entre ellas María Mazzarello destacaba por su vivacidad.
La mayoría no sabía escribir, algunas aprendieron a leer; pero eran expertas en las tareas del hogar y en descubrir las necesidades del corazón de sus coterráneos. A instancias de un fervoroso sacerdote de la Parroquia, Don José Pestarino, comenzaron a acompañar familias, a las niñas, adolescentes y jóvenes. A ellas les proponían la oración, la promoción de la devoción al Sagrado Corazón y María Inmaculada, el rezo del Rosario y la participación activa en la Eucaristía. Este grupo de jóvenes, llamado “Hijas de la Inmaculada”, fundadas en 1853, estaba muy activo en Mornese a la llegada de Don Bosco y fueron la base para el futuro Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, nacido en 1872.
Un 14 de noviembre
Cinco años después de su fundación las Hijas de María Auxiliadora atendían un incipiente colegio en Mornese, el Oratorio, ofrecían talleres a las jóvenes para prepararse como buenas jefas de hogar, daban catequesis, acompañaban familias y ellas mismas aprendían los rudimentos de la escritura y la lectura, profundizaban en la lengua italiana, y se preparaban como futuras maestras.
Don Bosco, ya había sembrado con su palabra y su testimonio, el ardor misionero, y sus sueños fueron compartidos por estas mujeres, si bien, no se sentían preparadas, ni dignas de ese gran llamado a ir más allá.
En la Cronohistoria se lee: “Si todas las Hermanas querían ser del número de las misioneras, con mucha más razón querían estar en el grupo guiado por el Director (Don Santiago Costamagna), pero la Madre repite el trozo de carta que expresa claramente el pensamiento de Don Bosco: las que deseen consagrarse a las misiones extranjeras, para cooperar con los salesianos a la salvación de las almas, y particularmente de las niñas, hagan su petición por escrito. Después se elegirá. Hay una porfía general para hacer la petición y cada cual se expresa con los términos más convincentes, esperando ser contada entre las elegidas”5.
“Las que deseen consagrarse a las misiones extranjeras, para cooperar con los salesianos a la salvación de las almas, y particularmente de las niñas, hagan su petición por escrito”.
El clima de la casa, a partir de este momento, se sintió más vivaz; intensificándose el estudio del español, y preparando lo necesario para ese largo viaje, a tierras desconocidas.
Muy pocas de estas mujeres habían salido del pequeño pueblo de Mornés, se sentían incultas, pero a la vez deseosas de transmitir el amor de Dios, y qué mejor lugar que América que ya había acogido a tantas familias italianas, y se había convertido en su hogar. Así los primeros salesianos y salesianas llegaron a Argentina y Uruguay, para seguir educándolos y hacer crecer su fe.

Continúa la Cronohistoria: “El 27 de septiembre se comunica finalmente el nombre de las elegidas para América: Sor Angela Vallese, de Lu, Directora del grupo afortunado; Sor Juana Borgna, natural de Buenos Aires; Sor Angela Cassulo, dc Castelletto d’Orba; Sor Angela Denegri, de Mornese; Sor Teresa Gedda, de Pecco (Turín) y Sor Teresina Mazzarello, apodada Baroni.
Las elegidas se cuidan en seguida de obtener el correspondiente permiso de su familia, siendo un deseo de Don Bosco que los padres participen con plena y cristiana adhesión del nuevo y más grande sacrificio de sus hijas y de su mérito.”6
Finalmente el 14 de noviembre de 1877 partirá el primer grupo de las misioneras, que viajarán con la segunda expedición de los salesianos. Los días previos, pese a la alegría de la partida, no estuvieron privados de dolor de las despedidas, que para muchos, hermanas y familiares, era para siempre. También el dejar la tierra querida, dónde las raíces se fortificaron y dieron fruto. Y sobre todo alejarse de la querida Madre María Dominga Mazzarello, que se prodigaba, con amor sin fin por cada una de sus hijas.
Es difícil tal vez dimensionar este momento, con el paso de los años y en otro contexto histórico, que fue el inicio de una larga siembra, en tierras americanas y en todos los continentes. Difícil de comprender el empoderamiento femenino que esta gesta misionera ha generado, no solo para las Hijas de María Auxiliadora, sino para tantas familias religiosas que acompañaron a los emigrantes. Y si bien no es imposible, cuesta comprender el fuego encendido en el corazón de ellas, que no se apagó con el hambre, el frío, la incomprensión, la falta de lugares adecuados, porque cómo dice el Evangelio: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Rom 8,28).
- Cronohistoria II, pág. 235
- Memorias Biográficas de Don Bosco, volumen 10, pág. 60-61 – Año 1872
- Memorias Biográficas de Don Bosco, volumen 16, pág. 325-333 – Año 1883
- Memorias Biográficas de Don Bosco, volumen 17, pág. 260- 265 – Año 1885
- Cronohistoria II, pág. 235
- Cronohistoria II, pág. 236
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – NOVIEMBRE 2026


