«Un nuevo sol»

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A cuarenta años del primer Encuentro Nacional de Juventud.

Estas fotos salieron publicadas en la edición del Boletín Salesiano de Argentina, de noviembre de Aquel
número daba cuenta del Encuentro Nacional de Juventud.

Por: Hugo Vera
hvera@donbosco.org.ar

Traer a consideración un aniversario puede surgir de móviles muy diversos: el recuerdo, la nostalgia, la reivindicación, para mantener un ideal, etc. En el caso que nos ocupa queremos hacer “memoria” comprometida y, hasta diría, de esperanzada utopía, de un momento
fundacional de nuestra Pastoral de Juventud Argentina.

Hace cuarenta años, del 12 al 15 de septiembre de 1985, se realizó en Córdoba el primer Encuentro Nacional de Juventud. La Iglesia argentina durante los años anteriores había hecho opción prioritaria por la evangelización de los jóvenes y ese quería ser un punto de partida para una pastoral de conjunto. El encuentro dejó imborrables recuerdos que imprimieron la huella en los años venideros para el crecimiento de una pastoral juvenil más visible y presente en la vida de la iglesia y la sociedad argentina que daba sus primeros pasos en una democracia recuperada.

Los que pudimos estar presentes aún evocamos la lúcida alocución de Gustavo Manginsch, joven de la Comisión Nacional Prioridad Juventud, animando a ser “jóvenes nuevos” para hacer “cosas nuevas”. O las palabras encendidas del Cardenal Pironio dirigiéndose a los jóvenes como “amigos” a los que nos exhortaba a dar razones de la esperanza a quienes nos la pidieran, siendo activos constructores de una Patria de hermanos.

Construir con vocación cristiana

Aquel acontecimiento tuvo como hilo conductor una canción que pasaría a ser el ícono de toda expresión de la pastoral juvenil. La letra y música, compuestas por Alberto Croce y Eugenio Perpetua, jóvenes cercanos al Movimiento Focolar, fueron entrando melodiosa y profundamente a lo largo de aquellos días en el ADN de nuestras opciones, enraizadas en la savia del Evangelio.

Una tierra que no tiene fronteras
sino manos que juntas formarán
una cadena más fuerte
que la guerra y que la muerte
lo sabemos el camino es el amor.

Una patria más justa y más fraterna
donde todos construyamos la unidad
donde nadie es desplazado
porque todos son llamados
lo sabemos el camino es el amor.

Un nuevo Sol se levanta
sobre la nueva civilización que nace hoy.
Una cadena más fuerte
que el odio y que la muerte
lo sabemos el camino es el amor.

La justicia es la fuerza de la paz
el amor quien hace perdonar
la verdad es la fuerza
que nos da la liberación
lo sabemos, el camino es el amor.

(fragmento)

El título original de la canción, “La Nueva Civilización”, retomaba una idea ya presente de manera incipiente en el magisterio de Pablo VI y luego muy usada por Juan Pablo II desde la primera JMJ, la de la “civilización del amor” que las y los jóvenes de todo el mundo estaban llamados a construir con vocación cristiana en el entramado de la vida de todos los pueblos. Con el tiempo se simplificó sencillamente en “Un nuevo sol”, imagen de Cristo de honda resonancia evangélica. Cuando se coreaba el verso “una cadena más fuerte que el odio y que la muerte” era imposible contener la emoción y el recuerdo de tantas y tantos hermanos desaparecidos por el terrorismo de Estado, y refrendarlo con un estridente “¡Sí!” a voces.

Estrofas con sentido

Sería muy extenso y excesivo para este aporte hacer un análisis recorriendo cada una de las estrofas. Lo que no se puede dejar de resaltar es el carácter programático de las mismas. El manifiesto que se encuentra en cada uno de sus versos da clara cuenta de los ejes para una espiritualidad que subraya el Evangelio, encarnándose en la trama histórica de la Argentina de ayer, de hoy y de siempre.

Las tres primeras estrofas nos hacen tomar conciencia de que vivimos en “una tierra que no tiene fronteras” en la que el desafío es la construcción de una “patria más justa y más fraterna” en la que la “justicia” sólo es liberadora cuando florece en la verdad –basta recordar que ese 1985 fue el año del primer juicio a las Juntas, con aquel resonante “Nunca más”–. En las tres siguientes se subraya el sentido del poder como “servicio”, de la fe que se hace creíble sólo cuando se testimonia con la vida y de la necesidad de asumir con decisión las enseñanzas de la Iglesia sobre la justicia social para que “a la casa del pobre llegue el pan y la alegría”. La estrofa final reconoce que todo el “que está a mi lado” es creatura de Dios y hermano por la encarnación de Jesús.

“Un nuevo sol” se quedó entre nosotros como algo más que un himno; como un programa de opciones por Jesús y su Reino en un momento sociopolítico comprometido.

Una canción de texto sencillo, pero con honda caladura de Evangelio. Una melodía que se sigue fácilmente y se presta para corearla abrazados, como aquellas que “sabemos todos”, que cierran con emotiva unidad el final de un fogón o de una celebración de pastoral juvenil. “Un nuevo sol” se quedó entre nosotros como algo más que un himno: como un programa de opciones por Jesús y su Reino en un momento sociopolítico comprometido con la sanación de un tejido histórico lacerado mortalmente en décadas anteriores.

Por ello es que luego, en 1987, cuando la primera JMJ fuera de Roma tuvo sede en Buenos Aires-Argentina, no había dudas de que éste debía ser el canto que se propusiera a todo el mundo como himno, cruzando así las fronteras de nuestra realidad nacional.

La obstinada repetición de “lo sabemos…el camino es el Amor” a lo largo de toda la canción, como un mantra o una letanía, no deja de ser pertinente en estos tiempos en que se exhibe y exacerba impúdicamente la cancelación, el grito, la palabra cruel, muchas veces desentendida del otro, del pobre, del más débil. Aunque este sea un texto escrito te animo a activar tu memoria musical para que, antes de concluir la lectura, volvamos a cantarla juntos.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2025

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